domingo, 31 de enero de 2016

La izquierda debería abrazar el decrecimiento

http://www.huffingtonpost.es/giorgos-kallis/la-izquierda-deberia-abra_b_8647786.html?utm_hp_ref=spain

El decrecimiento es un ataque frontal a la ideología del crecimiento económico. Algunos lo llaman una crítica, un eslogan o una "palabra obús". Otros hablan de la "teoría de" o de la "literatura sobre" decrecimiento o de las "políticas de decrecimiento ". Muchos se ven a sí mismos como el "movimiento del decrecimiento", o proclaman que viven" de una manera decrecentista". ¿Qué es el decrecimiento y de dónde viene?
Los orígenes del decrecimiento
Intelectualmente, los orígenes del decrecimiento se encuentran en la ecología política francesa y europea de la década de 1970. André Gorz hablaba de de décroissance en 1972, cuestionando la compatibilidad del capitalismo con el equilibrio de la tierra "para la que... el decrecimiento de la producción material es una condición necesaria". A menos que consideremos "igualdad sin crecimiento", argumentaba Gorz, estamos reduciendo el socialismo a nada más que la continuación del capitalismo por otros medios -una extensión de los valores de la clase media, estilos de vida y patrones sociales'.
Demain la décroissance (Mañana, el decrecimiento) fue el título de la traducción en 1979 de una serie de ensayos de Nicholas Georgescu-Roegen, un catedrático rumano emigrado a EEUU y uno de los primeros economistas ecológicos, que argumentaba que el crecimiento económico acelera la entropía. Eran los tiempos de la crisis del petróleo y del Club de Roma. Sin embargo, para los pensadores ecosocialistas franceses, la cuestión de los límites del crecimiento era ante todo una cuestión política. A diferencia de las preocupaciones malthusianas por el agotamiento de recursos, la sobrepoblación y el colapso del sistema, el suyo era un deseo de tirar del freno de emergencia en el tren del capitalismo o, en palabras de Ursula Le Guin, "poner un cerdo en la via única de un futuro que consiste únicamente en el crecimiento".
El eslogan décroissance fue revitalizado en la década de 2000 por los activistas en la ciudad de Lyon en acciones directas contra las megainfraestructuras y la publicidad.Serge Latouche, un profesor de antropología económica y crítico de los programas de desarrollo en África, lo popularizó con sus libros, clamando por el "Fin del desarrollo sostenible" y " viva el decrecimiento convivencial". Para el intelectual francés, Paul Aries, el decrecimiento era una "palabra obús ', un término subversivo que cuestionaba la conveniencia del desarrollo basado en el crecimiento que se daba por sentada. Una red pequeña pero entregada de decrecentistas surgió en torno a la revista mensual La Decroissanse. La palabra quedó registrada en los debates políticos franceses, incluso con un intento fallido de un partido político de decrecimiento.
El decrecimiento hoy
Desde Francia, el nuevo meme se extendió a Italia, España y Grecia. En 2008, justo antes de la crisis española, el activista del decrecimiento catalán Enric Duranexpropió 492.000 euros a treinta y nueve bancos a través de préstamos. Dio el dinero a los movimientos sociales, denunciando el sistema de crédito especulativo de España y el crecimiento ficticio que impulsaba.
En París, en 2008, comenzaron una serie de reuniones internacionales, una mezcla de conferencias científicas con foros sociales, que introdujo el decrecimiento en el mundo de habla inglesa. En septiembre de 2014, tres mil quinientos investigadores, estudiantes y activistas se reunieron en Leipzig en la IV Conferencia Internacional sobre Decrecimiento. Las actividades abarcaron desde paneles sobre crecimiento y cambio climático, críticas gramscianas al capitalismo o la semana laboral de 20 horas, hasta la desobediencia civil frente a una central eléctrica de carbón o cursos sobre cómo hacerse el pan.
Una prolífica investigación publicada en revistas académicas ha reforzado las hipótesis principales del decrecimiento: la imposibilidad de evitar un cambio climático desastroso con un crecimiento económico; límites fundamentales a la hora de desacoplar el uso de recursos del crecimiento; la desconexión entre el crecimiento y la mejora del bienestar en las economías avanzadas; los crecientes costes sociales y psicológicos del crecimiento. Trabajos recientes ponen de relieve el imperativo del crecimiento para el capitalismo (lo que David Harvey llama la más letal de sus contradicciones) y exploran cómo el empleo o la igualdad podrían sostenerse en economías postcapitalistas sin crecimiento.
Las propuestas políticas van desde límites máximos al carbono y moratorias a la extracción hasta la renta básica ciudadana, la reducción de la jornada semana laboral, la recuperación de los bienes comunes y una quita de la deuda, así como una reestructuración radical del sistema fiscal en base a la producción de CO2 en lugar del impuesto sobre la renta, y topes salariales e impuestos al capital. Al exigir esas imposibles "reformas no reformistas", como André Gorz las llamó, se aboga por la transformación sistémica (como ha señalado Slavoj Zizek, tales reformas socialdemócratas son revolucionarias en una era en que el capitalismo ya no puede darles cabida).
Políticamente, hay un claro consenso en que un cambio de sistema es necesario, y que esto requiere un movimiento de movimientos, o bien una alianza de los desposeídos, incluyendo una coalición de los movimientos globales de justicia social y ambiental. El decrecimiento es incompatible con el capitalismo, pero rechaza también la ilusión del denominado "crecimiento socialista" por el cual una economía racional, centralmente planificada, traería de algún modo mágico los avances tecnológicos que permitirían un crecimiento razonable sin afectar a las condiciones ecológicas. Los decrecentistas discrepan de los socialistas en que a estos les resulta fácil imaginar el fin del mundo o el fin del capitalismo pero, por alguna razón inexplicable, no el fin del crecimiento.
Para otros, decrecimiento significa, principalmente, otra forma de vida (politizada). Nuestro foro sobre decrecimiento de tres días en Atenas, a principios de este año, contó con la presencia de cientos de participantes, no sólo académicos, activistas ambientales y de los derechos humanos o miembros de Syriza, los Verdes y la izquierda antiautoritaria, sino también neorurales y agricultores orgánicos y muchos de los soldados de base de la economía solidaria. En Barcelona, ​​el decrecimiento se visualiza en proyectos como Can Masdeu, con su red de huertos urbanos en el barrio obrero de Nou Barris y una historia de activismo por el derecho a la vivienda; o laCooperativa Integral Catalana, una cooperativa con seiscientos socios y dos mil participantes, una red de productores independientes y consumidores de alimentos orgánicos y productos artesanales, residentes de ecocomunas, empresas cooperativas y redes regionales de intercambio que emiten sus propias monedas.
François Schneider, promotor de las conferencias internacionales y fundador deResearch & Degrowth en París (ahora también en Barcelona), encarna la hibridez del decrecimiento: un doctor en ecología industrial, caminó durante un año con un burro por Francia explicando las ideas del decrecimiento a los transeúntes que, desconcertados, lo detenían para escucharlo. Ahora vive en Can Decreix, una casa neo-rural dentro de la ciudad de Cerbere en la frontera franco-catalana, un centro de experimentación y de educación en la vida frugal.
Algunos hablan de un movimiento de base del decrecimiento, pero los asistentes a las conferencias no somos un grupo cohesionado de personas con una agenda compartida o un objetivo unificado, ni hemos llegado todavía al tamaño de un movimiento. A diferencia del movimiento antiglobalización, no hay ningún edificio de la OMC para asaltar o un tratado de libre comercio que detener. El decrecimiento ofrece un eslogan que moviliza, reúne y da sentido a una amplia gama de personas y movimientos sin ser su único o principal horizonte. Es una red de ideas, un vocabulario, como lo llamábamos en un libro reciente, que cada vez más gente siente que trata de sus preocupaciones.
La izquierda tiene que abrazar el decrecimiento
Una izquierda nueva tiene que ser una izquierda ecológica o no será izquierda en absoluto. Naomi Klein argumentaba que el cambio ambiental "lo cambia todo", también para la izquierda. El capitalismo requiere la expansión constante, una expansión basada en la explotación de los seres humanos y no humanos, que daña irreversiblemente el clima. Una economía no capitalista tendrá que poder sostenerse a la vez que se reduce su tamaño. Pero ¿cómo podemos redistribuir o asegurar un trabajo con sentido sin crecimiento? Todavía no existe una ciencia de'economía del decrecimiento concreta. Lamentablemente, el keynesianismo es la herramienta más poderosa que tiene la izquierda, incluso la izquierda marxista, para hacer frente a los problemas de la política. Pero se trata de una teoría de la década de 1930, cuando la expansión ilimitada todavía era posible y deseable.
Sin la existencia de la marea del crecimiento que levante todos los barcos, es el momento de repensar qué barco consigue qué. La respuesta de la izquierda al dilemar>g de Piketty no debe ser "aumentaremos g ' (g es la tasa de crecimiento). Después de todo, la izquierda siempre quería que fuera r, que la acumulación de capital decreciera. El mismo Piketty, apenas ecologista, no cree en la posibilidad de una mayor tasa de crecimiento. La redistribución va a ser la cuestión central en un siglo XXI sin crecimiento.
La izquierda tiene que liberarse del imaginario del crecimiento. El crecimiento perpetuo es una idea absurda (consideren el absurdo de lo siguiente: si los egipcios hubiesen comenzado con un metro cúbico de material y crecieran un 4,5% anual, al final de sus 3.000 años de civilización, habrían ocupado 2.500 millones de sistemas solares). Incluso si pudiéramos sustituir el crecimiento capitalista por un crecimiento socialista más bueno, más angelical, ¿por qué querríamos ocupar 2.500 millones de sistemas solares?
El crecimiento es una idea que forma parte esencial del capitalismo. Es el nombre que el sistema dio al sueño que estaba produciendo, el sueño de la abundancia material. El PIB se inventó para contar la producción de guerra y se convirtió en un indicador, midiendo y confirmando objetivamente el éxito de EEUU en la guerra fría. El crecimiento es lo que el capitalismo, necesita, conoce y hace. Las políticas de izquierda nunca consistieron en aumentos cuantitativos del valor de cambio en abstracto. Consistían en punto específicos, en valores concretos de uso: el empleo, un salario digno, unas condiciones dignas de vida, un medio ambiente sano, la educación, la salud pública o agua potable para todos. Todos ellos requerían recursos; pero no hay ninguna razón por la que necesitasen una expansión perpetua de recursos del 3% anual.
Y he aquí una afirmación más rotunda: las cosas que a la izquierda le gustaría vercrecer no traerían consigo un crecimiento agregado (a menos que redefiniéramos totalmente lo que medimos como actividad económica, pero esto es un juego de palabras). Extender la riqueza equitativamente a más manos y más mentes de lo que sería necesario, dejando espacios y personas ociosas, dedicando tiempo para cuidar unos de los otros: todo eso son impuestos a la productividad y al crecimiento. Siendo menos productivos podríamos crear más trabajo e incluso vivir mejor. Si fuésemosmenos productivos en sectores con valor social, como la salud pública, con más trabajadores (doctores y cuidadores), viviríamos mejor. Pero la industrialización despegó a base de concentrar los excedentes en manos de unos pocos (capitalistas o estados), reinvirtiendo los beneficios para un mayor crecimiento, no para extender la riqueza a todo el mundo o dejar los pastos y los combustibles fósiles inactivos.
Esto puede ser demasiado difícil de tragar. Después de todo, muchos de nosotros a menudo abogamos por la igualdad, la democracia, el pleno empleo, un salario mínimo, la educación o las energías renovables (lo que se quiera) en nombre del crecimiento. Creemos que una alternativa al sistema capitalista que sólo tiene ojos para los beneficios será más racional y lo hará más y mejor de lo que el capitalismo lo hace. Esto es un error político: como afirma Slavoj Zizek, la izquierda no puede limitarse a nuevas formas de realizar los mismos sueños; tiene que cambiar los sueños en sí mismos. Tampoco creo que la idea de volver a la época gloriosa de socialdemocracia europea sea más factible. La gloriosa (sic) era de reconstrucción y recuperación de la postguerra ha terminado. Y no olvidemos que esa también fue posible gracias a la explotación colonial del resto del mundo. Hay pocos indicios de que el keynesianismo impulsado por la deuda, marrón o verde, capitalista o socialista, pueda revivir. Esto es independiente del hecho de que la austeridad neoliberal sea desastrosa. ¡Sí a la redistribución, la democracia y la igualdad, pero no en nombre del crecimiento!
El decrecimiento revive el espíritu de la "austeridad revolucionaria" de Enrico Berlinguer, una austeridad nacida de la solidaridad. El petróleo que alimenta nuestros coches, calienta nuestros hogares o incluso gestiona nuestros hospitales y escuelas, es el mismo que destruye los medios de vida y los bosques en la Amazonía peruana o Nigeria. El papa nos lo recuerda. La razón para llevar una vida "sobria", como lo llamaba Berlinguer anteriormente y el papa ahora es porque nuestras acciones aquíafectan a las personas y los ecosistemas allá, no porque la máquina capitalista se esté quedando sin materias primas (preocupación malthusiana), o porque, como dicen los neoliberales, vivamos por encima de nuestras posibilidades (algo en lo que se refieren al 99% que utilizamos los servicios del Estado del bienestar, no a ellos, el 1% que viven de su capital).
Desde la perspectiva del decrecimiento, la cuestión no es que el Norte Globalconsuma más de lo que produce (o produzca más de lo que consume, como dicen los keynesianos). La cuestión es que produce y consume más de lo necesario, a expensas del Sur Global (también del propio Sur dentro de los países del Norte), de otros seres y de las generaciones futuras. Producir y consumir menos reduciría el daño infligido a los demás. Es una cuestión de justicia social y ambiental: "reducir y redistribuir desde el 1% global (y en menor medida el 10%, lo que incluye a las clases medias de Europa y América) al resto. Estas invocaciones a la sobria sencillez y a la abundancia frugal pueden parecerse a la idea común latente de la buena vida, presente en muchas culturas de Oriente y Occidente. Pueden recuperar de las garras de los defensores de la austeridad la crítica sensata al "exceso", que hipócritamente utilizan para justificar sus políticas regresivas.
Posibilidades políticas
El decrecimiento es una palabra clave que circula, sobre todo, entre activistas. En Grecia y en España, lugares que conozco mejor, resuena entre los cooperativistas y los ecocomunalistas, incluyendo a miembros de las bases juveniles de partidos como Syriza, Podemos o CUP. El decrecimiento fue una palabra presente, aunque no dominante, en el movimiento de los indignados y en las economías solidarias. Entre los Verdes se despertó una antigua división, anterior al "desarrollo sostenible", entre los radicales " fundis" y los pragmáticos "realos" que apostaron por el crecimiento verde. Existen signos de la re-radicalización de los Verdes europeos: Equo en España, con representación en el Parlamento Europeo, ha respaldado explícitamente una agenda post-crecimiento (su eurodiputado Florent Marcellesi ha hablado en favor del decrecimiento). La campaña nacional de los Verdes del Reino Unido también tenia el espíritu 'post' o 'de'-crecentista , aunque no el nombre.
Los llamamientos explícitos al decrecimiento son un suicidio electoral en un entorno dominado por los medios de comunicación corporativos. Es necesario más trabajo de base para hacer que el decrecimiento sea un pensamiento común generalizado. Por ahora, cuanto más cerca del poder llegue un partido radical, más probable es que se desvincule de cualquier asociación con el decrecimiento. Pablo Iglesias firmó el manifiesto decrecentista Ultima llamada, pero, como The Economist señaló acertadamente, cuando Podemos maduró, dejó atrás las ideas más extravagantes como el "decrecimiento" y "anticapitalismo".
Los paralelismos con la nueva izquierda de latinoamérica son obvios. Correa o Morales fueron elegidos con el apoyo de los movimientos ecologistas indígenas con filosofías similares al decrecimiento. Una vez en el poder, la realpolitik y las políticas redistributivas basadas en el crecimiento que se dictaron fueron complacientes con el gran capital y con el crecimiento alimentado por el extractivismo.
Uno esperaría que, al menos, los nuevos partidos de izquierda en Europa se abstuvieran de hacer del crecimiento su objetivo central. Pero sin duda, las crisis ha reafirmado el imaginario del crecimiento, esta vez como un objetivo progresista. Un activista de Podemos en Cataluña me comentaba que "en la crisis actual sólo podemos hablar de crecimiento". Esto no es totalmente cierto. Se necesita coraje e imaginación, pero no es imposible. Barcelona en Comú ganó las elecciones de la ciudad sin mencionar el crecimiento ni una sola vez en su programa. Esto puede tener que ver con el arraigo del decrecimiento y las ideas asociadas en la sociedad civil de Barcelona y el florecimiento de la economía solidaria alternativa en la ciudad. Muchos de mis amigos y colegas trabajaron en el programa del partido, cuyos compromisos son la renta ciudadana, los impuestos verdes, la reivindicación de espacios verdes, una cooperativa energética municipal, un menor uso de recursos y menos residuos o la vivienda social. Unas de las primeras decisiones de la nueva alcaldesa, Ada Colau, ha sido la moratoria sobre nuevos hoteles y el fin de la candidatura para la organización de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026. Santi Vila, consejero de Medio Ambiente de la Generalitat de Catalunya y joven aspirante conservador, la acusó de liderar un partido del decrecimiento (omitiendo, sin embargo, que unos meses atrás y tratando de estar al tanto de las últimas tendencias internacionales en los debates del cambio climático, él también había hablado favorablemente del decrecimiento en el Parlamento).
El Programa económico de Podemos fue elaborado por dos economistas socialistas (Vicenç Navarro y Juan Torres) que han escrito con frecuencia artículos de opinión contra el decrecimiento. Afortunadamente, el programa evita referencias claras en favor del crecimiento. ¿Podría esta señal dar margen para un keynesianismo sin crecimiento? Sostengo que sí. Se pueden imaginar políticas fiscales y tributarias que dirijan los recursos en favor de las clases trabajadoras y hacia lo verde, el cuidado o actividades alternativas que estimulen un consumo de baja intensidad para los necesitados, dentro de un patrón general de contracción económica. Apenas una visión keynesiana, pero quizás apta para economías secularmente estancadas.
A diferencia de un municipio que, por supuesto, tiene responsabilidades fiscales limitadas, una nación sin crecimiento puede tener problemas para financiar los servicios de bienestar, al menos en principio. Sin embargo, no veo ninguna buena razón para que los costes en salud o educación tengan que crecer al 2 o 3% anual (la tasa del supuesto crecimiento necesario). Hay un inmenso margen para el ahorro mediante la reversión de externalizaciones y costosas adquisiciones, la prohibición de los megaproyectos, o la descentralización de los servicios, como la salud preventiva o el cuidado de los niños, compartiéndolos a través de redes de solidaridad. Países más pobres como Cuba o Costa Rica disponen de sistemas de salud pública universal y de educación excelentes. Impuestos más altos sobre el capital también pueden compensar la pérdida de ingresos del decrecimiento. El bienestar sin crecimiento es teóricamente posible, pero ningún partido de Izquierdas se ha atrevido a pensar en lo que se necesitaría para ponerlo en práctica.
El punto más importante es la deuda. Sin crecimiento, la deuda , como porcentaje del PIB, aumenta. Los intereses de los préstamos se disparan a medida que disminuye la probabilidad de pagarlos. Esto sí que hace menos plausible un keynesianismo decrecentista. Sin crecimiento, tarde o temprano la deuda pública tiene que ser reestructurada o eliminada, ya sea por decreto o por la inflación. Existen precedentes históricos de ello, como el de Alemania después de la guerra o el de Polonia después del fin del comunismo. Pero una vez hecho, no se puede repetir. Sin nueva deuda, el margen para la expansión fiscal es limitado.
La urgencia de la cuestión de la deuda pública puede explicar las diferencias entre España y Grecia. El ascenso de Syriza inicialmente alimentó las esperanzas de que "otro mundo" era posible: la base del partido, especialmente los jóvenes, estaba formada por cooperativistas verdes que, con un espíritu semejante al decrecimiento, apostaban por lo que podría llamarse la economía solidaria, aun sin estar del todo definida. Sin embargo, todos los líderes del partido se posicionaron, sin reservas, a favor del crecimiento, enmarcándolo como la alternativa a la austeridad. En las negociaciones con el Eurogrupo se produjo un breve intento de avanzar en la propuesta de Joseph Stiglitz hacia una "cláusula de crecimiento": Grecia vincularía el pago de la deuda al crecimiento. Estas demandas fueron consideradas por el Eurogrupo como "ultra-radicales"; claro que hablar de una economía solidaria sin crecimiento se hubiese considerado aún más estrafalario.
Algunos comentaristas extranjeros soñaban que un 'No' de Grecia a la Troika y una salida del euro abriría el camino hacia una transición decrecentista y una economía solidaria. Sin embargo, no hay ninguna fuerza política en Grecia que defienda esta posición. La izquierda pro-dracma de Syriza, ahora un partido separado llamado Unidad Popular, es ardientemente productivista. Su líder tiene un historial medioambiental sombrío como ministro de Energía, que incluye planes para una nueva producción interna de carbón y subvenciones a los combustibles fósiles para las industrias. A pesar de una expansión fenomenal y los logros importantes de la economía solidaria en Grecia, esta sigue siendo un movimiento social marginal (mucho menor que en España), y sus redes son insuficientes para satisfacer las necesidades de la población en caso de un período de transición. Es poco probable que pueda haber una contracción económica suave, sin problemas, fuera del euro. Fue precisamente el temor a una subida incontrolable a los precios de los alimentos importados o a la escasez de medicamentos y el caos económico en el período de transición, lo que asustó a Alexis Tsipras y lo llevó a firmar el nuevo memorándum. Países como Japón, con independencia fiscal y monetaria y con capacidad para emitir y financiar la deuda en su propia moneda están en mejor posición para sostener el empleo y el bienestar sin crecimiento (Japón no ha experimentado crecimiento en más de diez años, una década perdida sólo ante los ojos de los economistas). Pero, por supuesto, un capitalismo sin crecimiento es inconcebible, y Japón intenta, tan arduamente como puede, relanzar el crecimiento (con poco éxito hasta la fecha).
La imposibilidad de imaginar una fuerza política llegando al poder con una agenda de decrecimiento hace que algunos decrecentistas argumenten que el cambio sólo podrá venir desde la base y no desde el Estado, sino a a través de un camino mediante el cual los ciudadanos se auto-organicen, a medida que la economía se estanque y la falta de crecimiento nos lleve a la crisis. Estoy de acuerdo con que es poco probable que se lleve a cabo una transición política voluntaria hacia el decrecimiento y con el nombre de decrecimiento. Más bien, si ocurre, será un proceso de adaptación al estancamiento real de la economía. No veo, sin embargo, la forma en que esto pueda suceder sin implicación también el Estado, con un refuerzo mutuo entre la sociedad civil y la política, las prácticas de los movimientos de base y con nuevas instituciones.
Ningún partido de izquierdas cercano al poder se atrevería a cuestionar abiertamente el crecimiento, pero me resulta difícil ver cómo, a largo plazo, voluntariamente o no, la izquierda europea (que, a diferencia de su contraparte latinoamericana, no puede apostar por una burbuja de materias primas) puede evitar pensar en cómo se puede gestionar un país sin crecimiento. El crecimiento no sólo es ecológicamente insostenible, sino, como los economistas admiten abiertamente (de Piketty a Larry Summers) cada vez es más improbable en las economías avanzadas.
El capitalismo sin crecimiento es salvaje. El decrecimiento no es ni una teoría clara, ni un plan ni un movimiento político. Pero es una hipótesis a la que ha llegado su hora y a la que la izquierda ya no puede permitirse el lujo de obviar.
Este artículo fue publicado originalmente en la revista New Internationalist y ha sido traducido del inglés por Neus Casajuana Filella
Giorgos Kallis es co-editor del libro Decrecimiento: Vocabulario para una nueva era.

martes, 11 de agosto de 2015

Boceto de una izquierda asamblearia , municipalista y ecosocial

aguavientosol
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Artículo extraído de El Rincón de Martinico; sobre el valor de los términos y el significado de los mismos en las clases populares. 
Cuando hablamos de la izquierda desde una perspectiva genérica  podríamos decir que dentro de esta entrarían  todas las personas que se identifican con una serie de ideales progresistas de cara a la mayoría de la sociedad, siendo indiferente de esta forma, la procedencia marxista, libertaria, ecologista o feminista de tales ideas, ahora bien, si entendemos tal concepto desde una perspectiva histórica, podríamos decir que la izquierda ha sido correctamente vinculada a sus orígenes parlamentaristas de la Francia de finales del siglo XVIII, lo cual no quiere decir, que dicha historicidad(la cual debemos de conocer debido a que dicho término es anterior al nacimiento del marxismo como teoría política) ponga frenos a una nueva concepción de la izquierda desde presupuestos municipalistas y asamblearios al igual que nítidamente ecosociales y feministas.
Por lo que a mí respecta, me ha costado bastante tiempo entender que ser de izquierdas no es tanto la identificación con los orígenes de los que proviene tal término o su posterior aplicación, si no que por el contrario , lo que me resulta realmente importante de analizar es la concepción que este término tiene en la actualidad a nivel sociológico entre las capas sociales de nuestra sociedad, por lo que sería un error desde mi punto de vista, que aquellas personas que venimos de una línea de pensamiento comunista libertaria y ecologista rechazáramos tal concepción de pleno, ya que tal acción además de provocar la confusión entre  la mayoría de la población dejaría en bandeja tal concepto a una izquierda que en los pasados decenios no supo llevar a cabo un proyecto el cual decía representar.
Es por ello por lo que son los nuevos paradigmas ligados al asamblearismo, el municipalismo, el decrecimiento supra industrial en favor del crecimiento en lo ecológico y lo social, la promoción de lo local, la relocalización del consumo y producción junto con el empoderamiento de las clases populares, algunas de las vías que nos podrían llevar hacia una nueva coyuntura en la que el territorio se encuentre vivo y defendido por unas sociedades que busquen la sustentabilidad, y no tanto ,la generación de riqueza en torno a factores única y exclusivamente económicos.
Son nuestras gafas sin graduar junto con nuestro afán de ganar y ganar algunos de los motivos que nos llevan hacía un acantilado del cual no podremos “recular” a no ser que entandamos aquí y ahora que somos nosotras/os  y es nuestro presente el que debemos cambiar.
Para ello deberemos utilizar todas las grietas que nos deje un sistema enfermo pero tozudo de abandonarnos, viendo en el municipalismo asambleario una herramienta fundamental para adquirir unas cuotas de empoderamiento hasta ahora inexistentes. Por otro lado, no han de ser tanto desde mi punto de vista, la suma de siglas de Podemos, Equo o Izquierda Unida/PCE(esto no quiere decir que no podamos llegar a acuerdos con personas de tales formaciones) las que conformen o propugnen el municipalismo trasgresor y vinculante, si no que por el contrario, serán los individuos desde  abajo de la mano del asamblearismo y la democracia directa, las que verdaderamente consigan llevar adelante candidaturas municipales que se confronten al estado capitalista.
Siendo estos sujetos de organización desde la base los que lleven a cabo un desmantelamiento progresivo de las clases dominantes y de los políticos profesionales que viven de la gestión continua de nuestras vidas, en favor, de una sociedad empoderada y participativa donde cada una viva con lo que precise sin ostentación ni lujos estratosféricos, viendo en la delegación un sistema rotativo permanente y continuo entre las personas más involucradas en los proyectos políticos de cambio.
En tal foro cabemos todas las que no cabemos en su sistema capitalista, dicho lo cual, solo nos queda dejar de lado las siglas para vislumbrar la luz a través de un túnel el cual se han encargado de dinamitar hace mucho tiempo por des interés de un proyecto vivo , rebelde y teorizado que enfoque este nuevo siglo desde otros presupuestos ideológicos y revolucionarios, más ligados al vivir mejor con menos, es decir, menos bienes materiales para la consecución de más bienes sociales.
“Sin  un decrecimiento político e institucional (en el buen sentido de este último concepto) acompañado de un respeto al medio ambiente no hay  cambio real posible”

Un poco de historia sobre nuestra asociación-colectivo:

Unión Popular Asamblearia Coslada y San Fernando ,ahora Asociación Ecosocial Madre Olma, nació a principios de 2014 con la intención de ser un agente social y político, un movimiento, que trabajara para hacer de nuestros municipios un lugar más "vivible", un lugar dónde se desarrollara un pensamiento crítico y se llevaran a cabo proyectos y procesos de transformación social progresivos. Hemos definido UPA/Madre Olma como un colectivo de la Izquierda Asamblearia y Municipalista.
Nos consideramos de Izquierda, pues es el lugar del “imaginario colectivo” dónde la gente nos situaría. Defendemos a las clases populares en el conflicto capital/trabajo, respetamos a las diversas etnias y culturas existentes, apostamos por el fomento de cooperativas de producción y consumo, luchamos contra las desigualdades sociales…
Apostamos por el Asamblearismo porque entendemos la asamblea como forma política de tomar decisiones colectivas. Asamblearismo significa horizontalidad, evitando personalismos, líderes y totalitarismos. En caso de ser necesarios “delegad@s” est@s actuarán bajo mandato imperativo, es decir, llevarán a cabo lo que decida la asamblea y no tendrán autonomía, serán revocables y rotativos. Asamblearismo como medio para acabar con la política profesional.
Entendemos el Municipalismo como acción política y de cambio trabajando en lo local. El municipio como forma de organización frente al Estado centralizado y autoritario. Municipalismo significa descentralización y decrecimiento político y es una vía para llevar a cabo la democracia directa, evitando así la burocratización de las organizaciones. No rechazamos las brechas institucionales del municipio y apostamos por la confederación de municipios y comarcas.
En cuanto al cuerpo político de la organización se basará en tres pilares: Ecología Social, Feminismo y Antimilitarismo.
La Ecología Social entendemos que nace de la crítica a la explotación de las personas y del medio ambiente. La consideramos fundamental, ya que si no existe el planeta no hay seres humanos y no hay ideologías. Partimos desde la idea del post-productivismo, es decir, de entender que vivimos en un mundo finito y que por lo tanto no puede haber un crecimiento infinito. Es por ello que es necesario preguntarse qué, cómo, dónde y cuánto producimos y consumimos. Apostamos por la agricultura ecológica y la creación de huertos comunitarios, el fomento de energías renovables y descentralizadas, la preservación del medio natural de la región, el fomento de la bici para el transporte urbano…
El Feminismo es otro pilar elemental en nuestro colectivo. Es necesario luchar por la emancipación de la mujer y acabar con el heteropatriarcado, las violencias machistas (hay distintas violencias) y las desigualdades de género. Feminismo no significa buscar la superioridad de la mujer ni odiar a los hombres. El feminismo trata de acabar con las desigualdades y abusos que genera el sistema y la sociedad. Defendemos el aborto libre y seguro, pues entendemos que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo. También creemos en la libertad de orientación sexual rechazamos las conductas que atenten contra ella.
Por último, desde UPA nos acercamos al Antimilitarismo ya que no creemos en las estructuras jerárquicas ni castrenses. Pensamos que estas estructuras no defienden la soberanía de los pueblos, sino que por el contrario, defienden y perpetúan el poder de las élites financieras, económicas y estatales. Por otra parte, no hay que olvidar el derecho inalienable de los pueblos a defenderse de las agresiones de su propio gobierno u gobiernos extranjeros, pero entendiendo que la violencia es el último camino que deben utilizar los pueblos y personas a la hora de resolver sus conflictos.

jueves, 9 de julio de 2015

Desde Upa Movimiento Eco-social queremos comunicar que de aquí a Septiembre pasaremos a llamarnos Asociación Ecosocial Madre Olma, convirtiéndonos de esta forma en asociación legalmente constituida tanto en Madrid como en San Fernando de Henares. Se abre una nueva etapa llena de retos e ilusiones luchando y persiguiendo espacios para la autoorganización de la ecología social, el feminismo y la lucha por una sociedad desmilitarizada. En Septiembre llevaremos a cabo la presentación pública de nuestra asociación.
‪#‎EcologíaSocial‬
‪#‎Buen‬ Vivir

miércoles, 22 de abril de 2015

JORNADA INFORMATIVA EN DEFENSA DE LA TIERRA


18:00: Charla informativa sobre el futuro Macro Vertedero de Loeches a cargo de No Macrovertedero, Sí Residuos θ

19:30: Decrecimiento, una alternativa económica para el siglo XXI

21:00: Música en directo:
"Efe" cantautor asturiano
 Alicia Ramos
 Lista de reproducción colaborativa 

Lugar: Plaza de Paños( San Fernando de Henares) día 9 de Mayo. <M> San Fernando

  #‎EcologíaSocialyBuenVivir‬

jueves, 16 de abril de 2015

¡NO AL TTIP! PRIMERO LAS PERSONAS Y EL PLANETA


          ¡NO AL TTIP!

¿Qué es el TTIP?

El TTIP es un acuerdo de gran alcance que se está negociando a puerta cerrada actualmente entre la Comisión Europea (en nombre de los Estados miembros de la Unión Europea -UE) y el gobierno de los Estados Unidos de América (EUA).

¿Que nos preocupa?

*Pretende evitar la intervención de los gobernantes en los intercambios comerciales . Favorece a los poderosos empobrece a las personas humildes.

*Los parlamentos pierden autoridad frente a las multinacionales. Los negocios por encima de las personas. RECORTE DE LA DEMOCRACIA

*Privatizaciones en masa. Lo privado frente a lo público

*Limitar o eliminar el sistema europeo de protección a la salud y al medioambiente. Sería abrir la puerta de par en par a los cultivos transgénicos(producen enfermedades graves) actualmente prohibidos en toda la UE, menos en España y Portugal.

*La protección a l@s trabajador@s y las prácticas sindicales fuertemente arraigadas y consolidadas en Europa suponen una traba para poder cerrar el acuerdo. Nueva ola de reformas laborales en las que las multinacionales dictarían sus propias normas.
Más información sobre el TIPP en:
http://noalttip.blogspot.com.es/p/documentos.html


lunes, 30 de marzo de 2015

Ciudad y decrecimiento: los retos ecológicos de la urbe del siglo XXI

Interesante artículo que queremos compartir desde UPA Movimiento EcoSocial

Por Florent Marcellesi, coordinador deEcopolítica y miembro de Equo, ingeniero civil y urbanista.
Conferencia presentada en las jornadas sobre el Plan General de Ordenación Urbana de Bilbao (organizadas por el grupo municipal de Bildu, junio 2012) y en el curso “Paisajes productivos” (Agrupación Vasco-Navarra de Arquitectos Urbanistas, enero 2013).
Atrevámonos a soñar con una ciudad social y ecológicamente justa. Atrevámonos a construir una ciudad donde somos capaces de vivir bien y de ser felices dentro de los límites ecológicos del Planeta y de forma democrática y solidaria. Sin embargo, ¿corresponde este sueño con la evolución histórica y a la realidad de la ciudad moderna en general y de Bilbao (1) en particular? ¿Qué pasos serían necesarios seguir para alcanzarlo?

Ciudades y modernidad industrial

La revolución industrial ha reconfigurado profundamente la estructura territorial y social de las sociedades llamadas modernas. Mientras que en 1800 vivían en áreas urbanas, principalmente en Europa occidental, solo 30 millones de los mil millones de personas que habitaban el planeta, hoy en día por primera vez la población urbana a nivel mundial supera la población rural. El 50% de la población del planeta, es decir aproximadamente 3500 millones de personas, residen en áreas urbanas, apuntando —si siguen las tendencias actuales— a una población urbana de 5 mil millones en ciudades de cara a 2030 y más del 80% en 2050. Este fenómeno provocado por el crecimiento demográfico muy rápido y un éxodo urbano, en gran parte forzado (2), del campesinado para alimentar a las industrias con mano de obra, han convertido las ciudades en nexos fundamentales de la globalización liberal y productivista. En 2007, las ciudades, que solo ocupaban el 2% de la superficie mundial, contribuyeron al 80% del PIB mundial y las 600 ciudades más importantes, solo con un quinto de la población mundial, concentraron el 60% del PIB (McKinsey Global Institute, 2011).
Por supuesto, esta estructuración centrada en ciudades como pulmones socio-económicos dentro de una red mundial interconectada y en constante competición tiene un precio ecológico. La Agencia Internacional de la Energía (2008) estima que en 2006 las ciudades consumieron en torno al 67% de la energía primaria mundial y fueron responsables del 71% de las emisiones de gases a efecto invernadero (GEI de ahora en adelante) relacionados con los combustibles fósiles. Si sigue su camino el proceso actualde urbanización, la AIE alerta el inevitable aumento de consumo energético y emisiones de gases de efecto invernadero (más del 70% para ambos en 2030). Sin embargo, esta tendencia es simplemente incompatible con la realidad energética y climática. Hemos llegado al techo del petróleo (3) y hemos superado la capacidad de absorción de GEI por parte de la atmósfera. Para garantizar la supervivencia civilizada de la humanidad, es urgente cambiar de modelo global y, dada su importancia estratégica, cambiar de raíz nuestra concepción de las urbes, puesto que ellas son a la vez el reflejo de este modelo socio-económico y un sujeto activo del cambio global.

Huella ecológica urbana, límites del planeta y desarrollo humano

La huella ecológica permite evaluar el impacto de una sociedad, un país, una región o una persona sobre el medio ambiente y se define como “la capacidad de los ecosistemas para producir materiales biológicos útiles y absorber los residuos generados por los seres humanos” (Ewing et al, 2008). Obtenemos dos posibles escenarios: un “déficit ecológico” (cuando la  huella ecológica es superior a la capacidad de carga (4)) y la “autosuficiencia” (cuando la huella ecológica es inferior a la capacidad de carga).
Según el Observatorio de la Sostenibilidad en España (2010), la huella ecológica en Bilbao es, de media, de 6,27 hectáreas globales por habitante, mientras que su biocapacidad es de 1,80 hectáreas globales por habitante. Por tanto, significa que Bilbao tiene un déficit ecológico de 4,47 hectáreas globales por habitante. Dicho de otra manera, ¡la villa utiliza recursos equivalentes a más de 100 veces su superficie! El OSE apunta que, además, “a nivel provincial el comportamiento redunda en el comportamiento deficitario puesto que el territorio de Bizkaia consume recursos equivalentes a 30,20 veces su superficie”. Si estimamos también el momento en que se agotarían los recursos en el horizonte de un año (es decir la biocapacidad disponible) según el estilo de vida y población, Bilbao no duraría más de 1 semana, Bizkaia 1 mes y el conjunto de Euskadi mes y medio…
Al mismo tiempo, Bilbao tiene un Índice de Desarrollo Humano (IDH) (5) de 0,92. Según interpretaciones de Naciones Unidas, eso significa que la villa tiene un desarrollo humano elevado (> 0,8), en base a tres factores básicos que son el poder adquisitivo, la educación y la salud. Cruzando ambos indicadores, el IDH y la Huella ecológica, constatamos que Bilbao se aleja considerablemente del “cajón de sostenibilidad”, este doble reto que se plantea a cualquier territorio: alcanzar altos niveles de desarrollo humano (> 0,8) dentro de los límites ecológicos del planeta (< 1,8 hectáreas globales). Bilbao reproduce a pequeña escala el modelo de injusticia ambiental entre países del Norte y países del Sur: alcanza altos niveles de desarrollo humano en base a la explotación de espacios ambientales (y de mano de obra) de otras partes del mundo, principalmente de los países del Sur, impidiendo a su vez que aquellos puedan optar a utilizar parte de estos recursos naturales para su propio beneficio (para más más información sobre estos conceptos: véase, Marcellesi, 2012).
Esta conclusión se puede extender en gran medida a todo el territorio español. En el Estado, la huella media de las ciudades es de 5.1 hag/hab, lo cual se reparte en un 67,3% para la absorción de CO2, un 32,1% para los cultivos, pastos, bosques y pesquerías y un 0,6% para terreno construido. Además, el análisis conjunto de los indicadores realizado por el OSE indica que las capitales de provincia se caracterizan por presentar niveles de desarrollo humano aceptables (con un IDH por encima de 0,8) y a la vez con una huella ecológica muy por encima de 1.8 hg/hab. lo que las cataloga como territorios con un déficit ambiental significativo. Además, Barcelona, Bilbao, Madrid, Málaga, Murcia, Sevilla, Valencia y Zaragoza son las ciudades que mayor huella ecológica presentan, lo que muestra la relación directa entre las ciudades con mayor huella ecológica y dos factores centrales: la población que albergan y el nivel de riqueza (material y económico).
Esta senda es totalmente insolidaria e insostenible. Basándonos en cifras del Informe Global España 2020/50 (2009), si seguimos las tendencias estructurales y culturales imperantes en los últimos años, la huella ecológica urbana crecerá un 47% en 2020 y 117% en 2050… Incluso si aplicamos un escenario de mejoras urbanísticas, pero que no sea capaz de influir drásticamente sobre los patrones de consumo, supondría en 2020 una huella ecológica de 7% por encima de los valores de 2005, pudiendo llegar a un 19% en 2050.

Hacia una ciudad del buen vivir

Ante este panorama inquietante y siempre y desde una visión de justicia social y ambiental (6) a nivel local y global, no nos queda otro remedio que iniciar la transición “de la ciudad de la expansión ilimitada a la ciudad adaptada a los límites de biocapacidad glocal” (Informe Global España 2020/2050, 2009: p.30). Esta transición nos tendría que permitir al mismo tiempo alcanzar un decrecimiento “del 45% de la huella media de las ciudades calculada para el año 2005” (7) y mantener un IDH superior a 0.8. Para construir esta ciudad donde somos capaces de vivir bien, de ser felices y autónomos dentro de los límites ecológicos del Planeta y de forma democrática y solidaria, primero son necesarios fijar unos principios de base: (8)
  • Principio de (auto)suficiencia: se trata de responder y definir de forma democrática a preguntas básicas e interrelacionadas para la (buena) vida de una comunidad con los recursos naturales disponibles: ¿Cuánto es suficiente para cubrir nuestras necesidades básicas, tanto colectivas como personales, y garantizar la autonomía individual y la solidaridad? ¿Cuánto es posible según la biocapacidad real de nuestro territorio?
  • Principio de “biomímesis”: significa que una ciudad, al igual que el campo, y el conjunto de sus componentes tendría que actuar imitando la naturaleza. En palabras de Jorge Riechmann, la economía de la naturaleza es “cíclica, totalmente renovable y autorreproductiva, sin residuos, y cuya fuente de energía es inagotable en términos humanos : la energía solar en sus diferentes manifestaciones. (…) Cada residuo de un proceso se convierte en la materia prima de otro: los ciclos se cierran”.
  • Principio de ecoeficiencia: expone la necesidad de utilizar menos recursos y generar menos impactos por unidad de producto. En todo caso, y principalmente a través del primer principio de (auto)limitación, este principio tendrá que tener en cuenta y combatir en todo momento el “efecto rebote” que estipula que por mucho que disminuya el impacto ambiental por unidad producida, las mejoras se encuentran sistemáticamente anuladas por la multiplicación del número de unidades vendidas y consumidas. (9)
  • Principio de rentabilidad social y ecológica: las personas y la T(t)ierra están en el centro de las atenciones. La ciudad no es una megainfraestructura deshumanizada que pone a sus habitantes a su servicio sino, al contrario, es una herramienta al servicio de sus habitantes para que puedan alcanzar bienestar de forma sostenible.
  • Principio de democracia: los principios anteriores, y particularmente el primero de suficiencia, pone de relieve la centralidad de la cuestión democrática. Definir procesos o herramientas democráticos que permitan hacer realidad la democracia de la autolimitación y la autogestión colectiva de las necesidades y los medios para su satisfacción es un eje transversal de la ciudad del siglo XXI. (10)
En la práctica, estos cinco principios pueden declinarse a través de algunas ideas clave, no exhaustivas, pero que marcan la orientación de una ciudad sostenible y que, por ejemplo, encontramos de una forma u otra en diferentes iniciativas como las “ciudades en transición” (11), las “Slow City” o las “ciudades de lo/as niño/as”:
  • Adecuar la ciudad y su territorio a su biocapacidad: cada ciudad, o mejor dicho comarca, tiene el deber de evaluar la capacidad de carga de su territorio en el que se asienta y tener esta realidad ecológica como horizonte y referencia para la reorientación de su organización socio-económica. Por ejemplo, el objetivo de Bilbao debería ser reducir por 3 su huella ecológica o por lo menos tener un consumo de recursos y generación de residuos compatibles con la biocapacidad vizcaína, teniendo en cuenta por supuesto al resto de pueblos de la provincia. En particular, hay que calcular la cantidad de tierra agrícola necesaria para abastecer a la población y compararla con los usos actuales para determinar cuál es la necesidad de superficie agraria y crear una reserva de suelo al respecto.
  • Parar el crecimiento de las ciudades: en la actualidad, la tasa de crecimiento de las ciudades europeas es algo menor del 1%. Es preciso poner fin a la expansión urbana y tener un plan de contención de la urbanización y la artificialización del suelo (Bilbao ya ocupa por ejemplo según el Udalplan más del 50% de su suelo disponible). Al mismo tiempo, también es preciso poner fin a la construcción de grandes infraestructuras de transporte que conllevan el “sprawl” urbano, el uso intenso de energía fósil o del coche. En particular, no se puede permitir más 3 A’s: Autopistas, Aeropuertos (12) o Alta Velocidad. El fracaso (anunciado) de la Supersur indica claramente que la época del ladrillismo y grandes infraestructuras viarias debe dejar lugar a una ciudad del peatón, de la bici y del transporte colectivo.
  • Reciclar y revalorizar las ciudades existentes: la prioridad se encuentra por tanto en reciclar lo existente. Por un lado, se estiman que hay unas 15.000 viviendas vacías en Bilbao, mientras que —a efectos comparativos— las familias desahuciadas en Euskadi fueron 11.000 desde 2008. No existe necesidad de construir más sino de repartir mejor el stock de viviendas actuales, sin aumentar la presión sobre el suelo y además haciendo efectivo el derecho a la vivienda para todas y todos. Por otro lado, ante la crisis ecológica, la rehabilitación se sitúa como un eje prioritario hacia los objetivos de reducción de la huella ecológica, puesto que la mejora de los edificios (aislamiento, recuperación de aguas, calefacción térmica, etc.) puede permitir grandes reducciones del consumo energético y de la emisión de CO2. Además, es una fuente de empleo: según un informe del Conama (13), la reforma de 10 millones de viviendas en el Estado español hasta 2050 —para reducir su gasto de calefacción un 80% y cubrir un 60% de las necesidades de agua caliente— puede generar unos 130.000 empleos nuevos en una primera fase de aquí a 2020. Esta tendencia se vería reforzada si, al mismo tiempo, se incluyera el coste energético de las viviendas en su valoración de mercado.
  • Relocalizar las actividades: dentro de una transición ordenada hacia la sostenibilidad, es preciso construir un modelo económico donde primen las distancias cortas, es decir donde produzcamos localmente lo que consumimos localmente: huertos urbanos (para autoabastecimiento, aprendizaje de la agricultura, recuperación de zonas o solares en desuso o ruralización de la ciudad (14)), descentralización de la producción de energía renovables (para autoconsumo y suministro de viviendas, empresas y transporte colectivo y local), puesta en marcha de monedas locales (15) que favorecen el comercio de cercanía (es decir, el peatón y la bici), cooperativas o grupos de consumo que relacionen sin intermediarios personas productoras y consumidoras a nivel local (es decir independientes de grandes infraestructuras y plataformas logísticas y de transporte altamente energívoras) y privilegien un modo de vida ecológico.
  • Favorecer una movilidad sostenible: como objetivo, el informe Global se marca para 2020 volver a niveles de 0,4 turismos/habitantes y en 2050 reducir esta variable en la mitad. Significa entre otras cosas alcanzar un reparto modal del 10% para el coche, 30% para el transporte colectivo y 60% para el peatón y la bici. De forma combinada con las demás propuestas, se trata de concentrar poco a poco la movilidad doméstica en un radio que permita los desplazamientos a pie (radio de 1km) y en bici (radio de 3 km) y la movilidad profesional en un radio adaptado a los transportes colectivos (5 km). Supone a su vez construir ciudades policéntricas, donde superamos por fin el urbanismo funcionalista (que separa por sus funciones las diferentes zonas de la ciudad entre zonas comerciales, zonas dormitorios, zonas de actividades económica, zonas de ocio y que requiere el coche como elemento vertebrador) y apostamos por la mezcla de actividades y usos en nuestros barrios. (16)
  • Reequilibrar ciudad y campo: según varias hipótesis, se necesitaría en torno a un 30% más de trabajo si se pasara de la agricultura industrial a una agricultura mayoritariamente ecológica (17). Por ejemplo, el colectivo Desazkundea, en su crítica a la propuesta del Gobierno Vasco de las Directrices de Ordenación del Territorio y su apuesta por la soberanía alimentaria (18), recuerda que si se planteara un objetivo de autoabastecimiento agrícola del 20% en Euskadi (hoy es del 5%), esto supondría la dedicación de más de 330.000 Ha y el aumento de la población activa de 1.5% hasta el 5% (25.000 puestos de trabajo). Esto supone por un lado fomentar la reconversión de tierras hoy dedicadas al monocultivo (como puede ser el agroforestal y el negocio del pino-eucalipto-papeleras) en tierras cultivables. Por otro lado, además de ser una fuente de empleo importante, implica revalorizar también el trabajo en el campo y el papel del campesinado en nuestra sociedad, y plantear un reequilibrio progresivo del reparto de población entre campo y ciudad. (19)
  • Democratizar la ciudad: el tamaño desmedido de las ciudades aleja considerablemente la ciudadanía de los ámbitos de decisión. De hecho, Fitopopulos, filósofo e impulsor de la iniciativa Democracia Inclusiva, propone (re)construir núcleos urbanos de un máximo de 30.000 habitantes (al igual que en las ciudades griegas antiguas) para permitir una democracia real. Por su parte, ciudades como Porto Alegre (1 millón de habitantes), han puesto en marcha presupuestos participativos que siguen, en teoría, un sistema abajo-arriba donde las asambleas de barrio discuten las propuestas y sus representantes las acuerdan en asambleas del conjunto urbano. De nuevo, estas conformaciones urbanas requieren de una ciudad o un territorio policéntricos, a escala humana (es decir a pie o en bici) y de democracia directa, que luego se coordine de forma supralocal (comarca, cuenca hidrográfica, región, estado, Europa) a través de mecanismos también democráticos y transparentes.
  • Cambiar de valores y de mentalidad: tan crucial como el diseño urbanístico o el equipamiento de las viviendas es la gente que vive en ellas. No habrá disminución radical de la huella ecológica sin un cambio estructural, de mentalidad y de hábitos de consumo. En el ámbito de la movilidad sostenible, un buen ejemplo es el “Car sharing” (20): muy implantado en países como Suiza, plantea la propiedad compartida de un coche entre varias unidades familiares que luego comparten su uso (lo que conlleva menos unidades producidas, menos espacio requerido para aparcamientos, reparto de los costes vinculados al coche, revalorización de lo común, etc.). De la misma manera y desde una visión global, las cooperativas de viviendas, que practican la cesión de uso, ponen en común espacios y electrodomésticos entre los habitantes, apuestan por la biorehabilitación y fijan precios asequibles y justos. (21)
Sin duda, los retos apuntados aquí son de gran magnitud y eso implica afrontarlos con valor y sobre todo desde abajo y de forma deliberativa. De esta manera, las diferentes iniciativas o planificaciones (como los Planes Generales de Ordenación Urbana) que se pongan en marcha podrán (retro)alimentarse e impulsar principios y buenas prácticas en clave de vivir bien y felices dentro de los límites ecológicos del Planeta.
Notas:
(1) Para ubicarnos, Bilbao es la capital de Bizkaia fundada en 1300, tiene una superificie de 40,65 km2, una población de 352.700 habitantes (en 2011) y una densidad de 8.676,51 hab./km²
(2) Por ejemplo entre los siglos XVIII y XIX, las “Leyes de cercamiento” inglesas (Enclosure Acts) que establecían “la división, el reparto y el cercamiento de los campos, praderas y dehesas abiertas y comunes y de las tierras baldías y comunes” supusieron la sustitución de los derechos comunales sobre la tierra por los de propiedad privada y la emigración a las ciudades en busca de sustento (principalmente como mano de obra en la industria) o la conversión en jornaleros en el campo.
(3) El techo del petróleo corresponde al punto de inflexión a partir del cual la extracción de una unidad de petróleo por unidad de tiempo ya no puede incrementarse, por grande que sea la demanda.
(4) La biocapacidad o capacidad biológica se refiere a la capacidad de un área específica biológicamente productiva de generar un abastecimiento regular de recursos renovables y de absorber los desechos resultantes de su consumo. Fuente: GreenFacts.
(5) El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es un indicador creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que tiene en cuenta tres variables: 1) Esperanza de vida al nacer 2) Educación 3) PIB per Cápita (a paridad de poder adquisitivo). El PNUD clasifica a los países en tres grandes grupos: países con alto desarrollo humano con un IDH mayor de 0,80, países con medio desarrollo humano entre 0,50 y 0,80, y países con bajo desarrollo humano con un IDH menor de 0,50.
(6) La justicia ambiental reconoce a todos los seres humanos los mismos derechos de acceso e idénticas opciones a los beneficios de la oferta ambiental y cultural del planeta.
(7)  Lo que supondría a su vez una disminución del 29% en su componente de superficie artificial, un 58% de la necesidad de superficie provocada por las emisiones de CO2y un 24% como consecuencia de nuevos hábitos de consumo más saludables.
(8) Estos principios son una adaptación por parte del autor de los principios propuestos por el Informe Global sobre Ciudades.
(9) Por ejemplo, entre 1990 y 2007, y a pesar de mejoras significativas en torno a la intensidad de carbono (-12%), la eficiencia tecnológica no ha compensado el crecimiento de la población (+24,5%) y el aumento del PIB por habitante (+25,5%), y las emisiones de CO2 han aumentado a nivel mundial de 38%. Fuente: Jackson, Tim (2011):Prosperidad sin crecimiento. Economía para un planeta finito. Encuentro Intermón Oxfám-Icaria.
(10) Véase Marcellesi, F. (2011): Las deudas ecológicas de la democracia moderna, Ecología política, nº42, disponible aquí.
(11) Movimiento lanzado por Rob Hopkins en el pueblo inglés de Totnes y hoy presente en centenares de ciudades europeas. De forma pragmática, plantea la necesidad de crear resiliencia, es decir adaptar las ciudades para que sean capaces de absorber los choques que provocarán el techo del petróleo y el cambio climático. En Euskadi, existe Gasteiz en Transición.
(12) Sobre el caso del aeropuerto de Bilbao, véase Marcellesi, F.: “Aeropuertos y ecología: una crisis de alto vuelo”, en la revista de Gesto por la paz. Disponible aquí.
(13) Más información disponible aquí.
(14) Véase en Bilbao el proyecto “Baratza” de Desazkundea. A pesar de que en Bilbao no haya por el momento poco o ningún interés por parte del equipo de gobierno de desarrollar huertos urbanos, existen buenas prácticas como en Zaragoza, Villena o Altea.
(15) Véase en Bilbao el proyecto de moneda local “Ekhi“. Por ejemplo, en Bristol, ciudad de más de 400.000 habitantes que ha puesto en marcha la propuesta de “iniciativas en transición”, el alcalde cobra su sueldo en moneda local.
(16) Es de mucho interés constatar que muchas propuestas decrecentistas coinciden con propuestas de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Bilbao. Véase por ejemplo “El Libro Blanco del Transporte de Bilbao y Bizkaia” (VVAA de Bilbao, 2009).
(17) Según The General Workers’ Union in Denmark: For Posterity—For Nature’s Sake—Ecological Farming. El estudio Sustainable Germany del Instituto Wuppertal (1995) da una cifra del 20%. En Riechmann, J. (2003): Cuidar la T(t)ierra. Políticas agrarias y alimentarias sostenibles para entrar en el siglo XXI. Icaria.
(18) Véase http://dot-desazkundea.org/
(19) Este reequilibrio también se tendría que hacer a mayor escala puesto que obviamente algunas zonas están superpobladas en comparación con la biocapacidad real de su territorio, como puede ser el caso de la costa valenciana y alicantina.
(20) Para más información, véase la asociación vasca de Car Sharing.
(21) En Bilbao, se está creando desde Desazkundea la cooperativa de viviendas Etxecoop. En Cataluña, existe como referencia Sostre Civic.
Referencias:
Agencia internacional de la Energía (2008): World Outlook Energy 2008. IEA.
Ewing B., S. Goldfinger, M. Wackernagel, M. Stechbart, S. M. Rizk, A. Reed and J. Kitzes (2008): The Ecological Footprint Atlas 2008. Oakland: Global Footprint Network.
Orcáriz, J., Prats, F. (2009): Informe Global España 2020/50. Programa ciudades. Hacia un pacto de las ciudades españolas ante el cambio global. Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental.
McKinsey Global Institute (2011): Urban world. Mapping the economic power of cities. MGI.
Observatorio de la Sostenibilidad en España (2010): Sostenibilidad local: una aproximación rural y urbana.
Poumanyvong P., Kaneko S., (2010): “Does urbanization lead to less energy use and lower CO2 emissions? Across-country analysis”, en Ecological Economics, 15 de diciembre del 2010.